¿Eres víctima del overthinking? Un generador de estrés que te enseñamos a controlar

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Hay gente que piensa demasiado. Le dan tantas vueltas a las cosas, que incluso las buenas pueden terminar convirtiéndose en algo terrible. Y es que hay quienes diseccionan tanto el asunto que al final terminan encontrando algo malo. Por supuesto, cuando les sucede algo malo lo analizarán una y otra vez, buscando la manera de “arreglar” algo que, en realidad, no tiene solución. ¿Les suena?

Seguro que conoces a gente así, o incluso puede que te veas reflejado en la descripción que acabo de dar. Se trata de un estado que los ingleses resumen con una palabra: overthink. En español sería algo así como sobrepensar, aunque yo prefiero llamarlo “entrar en bucle”. Y es que este hábito es precisamente eso: los mismos pensamientos pasan una y otra vez por nuestra mente, intentando analizarlo todo, sacando todos los contras y peros que podamos.

Pero, ¿es tan malo pensar demasiado?

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Este estado mental provoca que nos sintamos incapaces de concentrarnos en lo que estamos haciendo, emborracha nuestra mente, dispara nuestros niveles de estrés y, en consecuencia, nuestra capacidad de efectividad se desploma.

Tampoco les estoy queriendo decir que hay que pensar lo justo para pasar el día, pero está claro que sobrepensar puede arruinarte el día e incluso impedir que avances en la vida. Esto es porque pasar demasiado tiempo pensando en qué hacer o de qué forma hacerlo, nos impide pasar a la acción y disfrutar del presente como es debido.

Como les decía, sobrepensar puede conllevar a sufrir niveles desorbitados de estrés y, por consiguiente, padecer algunos síntomas propios del estrés y la ansiedad: insomnio, irritabilidad, olvidos, taquicardias, gastroenteritis, etc.

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¿Qué hacer para evitarlo?

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Lo primero de todo es ser conscientes de que estamos sobrepensando en ese momento, y no asumirlo como algo normal en nosotros. Para mejorar este estado, que a veces conduce a un estado de angustia y desesperación, debemos esforzarnos para que no siga ocurriendo. Esta situación normalmente es consecuencia de algo, por lo que tendríamos que echar la vista atrás y localizar la causa.

El miedo es una potente causa de esta situación. Existen muchos tipos de miedos, así que primero deberíamos enfocar a qué miedo nos enfrentamos: miedo a meter la pata, miedo a perder nuestra situación actual, a la muerte, a lo desconocido, etc. Para luchar contra este, lo mejor es concentrarse en lo que uno puede hacer para conseguir la situación deseada, es decir, fijarse una lista mental de propósitos. Puede que, si tenemos una serie de propósitos claros y asimilados, el miedo puede restringirse notablemente.

Evita focalizar el problema de manera obsesiva. Es mejor centrarse en aquellas cosas que pueden ir bien, a las que pueden salir mal. De hecho, pensar en positivo puede conducir nuestras acciones para que todo salga bien, así como llevar una actitud mucho más eficiente ante imprevistos o nimiedades que, en realidad, podemos solucionar en un santiamén.

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Asimila y créete las frases tales como: no te preocupes si te estás equivocando, todo el mundo se equivoca; no busques la perfección, pues no existe; las cosas no salen siempre como esperamos; con hacer las cosas lo mejor que puedas es suficiente, etc.

Por último, no malgastes tu tiempo pensando en todo lo que puede llegar a pasar. Después de todo, si lo piensas, al final, lo que tenga que ocurrir ocurrirá igualmente, ¿verdad?

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